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» La calidad de las aguas
La necesidad de mejorar
las redes de calidad de las aguas
La evaluación del estado de
la calidad de las aguas en ríos se ha venido realizando a
través de distintas redes de medida que actualmente se han
englobado, con algunas mejoras, en la red Integrada de
Calidad del Agua (ICA). Asimismo, existen diversas redes que
ofrecen información sobre la evolución de las aguas
subterráneas.
Con carácter general las
redes de calidad de las aguas no son adecuadas para obtener
la información necesaria y cumplir con la normativa más
reciente. Urge, por tanto, iniciar todos los trabajos
necesarios para mejorar estas redes en lo que se refiere a
definición de emplazamientos, densidad de estaciones y
parámetros y frecuencias de muestreo.
En este proceso de mejora, y
puesto que las comunidades biológicas de macroinvertebrados
de un ecosistema fluvial reflejan las condiciones
ambientales del sistema del que forman parte, sería
conveniente establecer una red de control biológico como
complemento de las redes de análisis químicos ya
existentes.
El deterioro de la calidad
de las aguas superficiales
La calidad natural o
intrínseca de las aguas fluviales es la que tendrían en un
medio natural sin intervención humana. En España esta
calidad natural las capacitaría, en general, para ser
utilizadas en el regadío y en el abastecimiento a
poblaciones, aunque en algunos casos la salinidad natural no
tóxica podría provocar algunos problemas de calidad que no
comprometerían la salud de los ciudadanos. Sin embargo, la
influencia negativa de determinadas acciones antrópicas ha
provocado que el estado natural de las aguas se haya
deteriorado gravemente.
La calidad que ha de
asegurarse depende de una serie de normas de obligado
cumplimiento. Existe un gran número de Directivas
comunitarias, traspuestas al ordenamiento jurídico
español, que imponen unos requisitos exigentes y claros a
la calidad que las aguas deben poseer en función de su uso.
Actualmente, la calidad
general de las aguas superficiales españolas no es del todo
satisfactoria a la luz de la legislación vigente y de las
aspiraciones existentes en el seno de la sociedad. Aunque el
estado de la cabecera de la mayoría de los ríos de la
mitad norte peninsular presenta un grado óptimo de
conservación, el grado de contaminación de las aguas
aumenta a medida que van discurriendo por núcleos urbanos e
industriales, llegando, en algunos casos, a un estado muy
degradado en sus tramos medios y finales. En la mitad sur,
si bien los problemas son similares a los de la mitad norte,
la calidad del agua en las cabeceras empeora como
consecuencia de los menores caudales presentes, lo que
origina una menor dilución de los vertidos contaminantes.
Los vertidos y el Plan
Nacional de Saneamiento y Depuración
Los vertidos urbanos cada vez
se van realizando en mejores condiciones gracias a la puesta
en marcha y desarrollo del Plan Nacional de Saneamiento y
Depuración que, aunque no incluye expresamente la
consecución de objetivos de calidad, está logrando que un
mayor número de habitantes esté conectado a sistemas de
depuración. Hasta la fecha se ha realizado un importante
esfuerzo inversor en este Plan, aunque los plazos
intermedios impuestos por la Directiva comunitaria
correspondiente resultarán difíciles de cumplir.
La situación de los vertidos
industriales resulta más preocupante por cuanto un
porcentaje nada despreciable de los vertidos directos no
cuenta aún con la debida autorización, y otros muchos
tienen autorización provisional en fase de regularización.
La contaminación difusa y
la eutrofización
La contaminación difusa
procedente de la agricultura, ligada a la creciente
aplicación de fertilizantes y plaguicidas, supone en
nuestro país motivo de preocupación, por la posibilidad de
provocar graves problemas de eutrofización en los embalses
y de contaminación de las aguas subterráneas.
En los últimos años se ha
producido una degradación general y acelerada de la calidad
del agua en los embalses. Los estudios realizados en una
muestra de embalses repartidos por el territorio nacional
muestran que en los últimos años más de la mitad han
aumentado su grado de eutrofización.
La importancia de la
coordinación administrativa
Una cuestión especialmente
relevante en la gestión de la calidad son los aspectos
competenciales. Según el tramo sea intracomunitario o
intercomunitario, la competencia sobre la autorización de
vertido recae en la Administración autonómica o central.
En lo que se refiere a la fijación de objetivos de calidad,
dependiendo del uso, la Administración autonómica puede
fijar objetivos en lo que se refiere a aguas de baño y
aguas aptas para la vida piscícola y establecer
limitaciones para la protección de la naturaleza. En lo
relativo a las actuaciones a realizar para proteger la
calidad los Ayuntamientos tienen competencia en materia de
vertidos a colectores y en depuración y las Comunidades
Autónomas en depuración y en contaminación difusa de
origen urbano. Todo ello pone de relieve la importancia que
adquiere una eficaz coordinación entre Administraciones
para la gestión de la calidad de las aguas.
El principio de
prevención en la calidad de las aguas subterráneas
En relación con la calidad
de las aguas subterráneas los principales problemas
detectados son la contaminación debida a nitratos, metales
pesados y compuestos orgánicos y la salinización.
El origen del problema de
contaminación por nitratos se atribuye principalmente a la
agricultura (aplicación de fertilizantes) y a la ganadería
y afecta de forma importante al litoral mediterráneo.
Los vertidos de efluentes
derivados de actividades urbanas, mineras y,
fundamentalmente, industriales provocan la presencia de
metales pesados en las aguas subterráneas que, en
ocasiones, inciden en su calidad hasta el punto de que no
resultan aptas para el consumo humano. El hierro y el
manganeso son los metales que aparecen con mayor frecuencia
en contenidos que exceden los límites permitidos por el
Reglamento Técnico Sanitario.
La contaminación de las
aguas subterráneas por compuestos orgánicos es un problema
cuyo alcance todavía no es bien conocido en nuestro país.
El origen de este tipo de contaminación es diverso, aunque
frecuentemente está relacionado con la utilización
inadecuada de productos fitosanitarios en agricultura. En
ocasiones el problema afecta a aguas de abastecimiento a
poblaciones.
La información relativa a
problemas de contaminación de las aguas subterráneas
procedente de determinadas fuentes de tipo puntual está muy
dispersa y es difícilmente accesible. Tal es el caso de
depósitos enterrados, gasolineras, fugas de alcantarillado,
vías de comunicación, etc.
El origen del problema de la
salinización de acuíferos puede ser debido a la influencia
de los materiales por los que circula el agua (yesos o
evaporitas), a la recirculación de aguas de riego, cargadas
de sales añadidas en los tratamientos agrícolas a las que
se suman las sales disueltas del suelo, o a la intrusión
marina, provocada por la invasión del agua de mar en los
acuíferos costeros cuando se realizan bombeos excesivos.
En el Mediterráneo oriental
la intrusión marina se presenta de forma bastante
generalizada. En otros casos la contaminación salina es
meramente local y afecta a zonas concretas muy próximas a
los bombeos.
Con carácter general, la
conservación de la calidad de las aguas subterráneas debe
regirse por el principio de prevención, evitando que se
produzca su contaminación, estableciendo los medios y
normativas que limiten el vertido incontrolado, la
instalación de actividades peligrosas sin las debidas
medidas de seguridad y la aplicación indiscriminada de
productos agroquímicos. Una vez que se ha contaminado un
acuífero, la recuperación de su calidad, aunque es
factible, es de gran complejidad técnica y supone un
elevado coste.
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